lunes, 21 de enero de 2008

Caída de la Bolsa de Wall Street


(Foto:Una multitud aguarda para retirar sus depósitos)
Procedencia: http://www.portalplanetasedna.com.ar/crisis29.htm#crisis29

Ver En Este Sitio: Historia Económica del Siglo XX
Ver En Este Sitio: La Crisis del 29 en América Latina
Si bien la Primera Guerra Mundial se desarrolló solamente en algunas regiones europeas, la crisis econonómica que se desencadenó luego de su finalización afectó a todo el planeta. Esta crisis, que cuestionó entre las dos guerras mundiales, la supervivencia de¡ sistema capitalista tal como se venía planteando hasta ese momento, tuvo su centro en los Estados Unidos y de al¡¡ se extendió al mundo.
Los desequilibrios económicos
Luego de la Primera Guerra, los gobiernos de los diferentes países del mundo, tenían esperanzas en recuperar la prosperidad económica que habían disfrutado hasta 1914. Durante los años 1918-1919, parecía que estas expectativas se estaban cumpliendo, pero en 1920 comienza una crisis que hizo caer precios y expectativas. Tanto los países anglosajones, como los que habían permanecido neutrales en la guerra, como Japón, ensayaron propuestas para volver a tener una economía sólida basada en una moneda estable, pero lo consiguieron solo parcialmente. Sin embargo, en la erotica Alemania cayó totalmente el sistema monetario, con lo cual la moneda perdió su valor y terminó con el ahorro privado. Las empresas, entonces, debieron recurrir a los préstamos extranjeros para poder sobrevivir, circunstancia que colocó a Alemania, en los años siguientes, en una gran dependencia de los créditos externos. La situación no era muy diferente en la Unión Soviética y en los países del este europeo, pero en Polonia, Hungría y Austria, la moneda no perdió totalmente su valor.
A partir de 1924, la crisis se fue superando, y comenzó una nueva etapa de prosperidad que reanuda el crecimiento económico, a pesar que algunos precios de materias primas y alimentos básicos volvieron nuevamente a bajar, y que el desempleo se mantuvo alto. Estos desequilibraos llevarían a una nueva crisis, pero esta vez, más profunda.
Estados Unidos y el modelo de vida americano
La Primera Guerra Mundial había favorecido a los Estados Unidos de una manera espectacular, convirtiéndolo en el principal proveedor de materias primas y productos alimenticios e industriales. También era el principal acreedor del mundo, y su influencia en Europa era fundamental.
La guerra había traído también un importante crecimiento industrial que se calcula en un 15%, siendo los sectores más favorecidos aquellos relacionados con la industria bélica. La agricultura también se había beneficiado y las necesidades europeas de comerciar, convirtieron a la flota americana en la segunda marina mercante del mundo.
La prosperidad y el crecimiento que se inició en los primeros años de la década de 1920, fueron mucho más profundos y estables en los Estados Unidos. En esta época se consolidaron sectores industriales nuevos como la industria eléctrica , la química y la petroquímica, la aeronáutica, la automotriz, el cine y la radiofonía.
Como consecuencia de este desarrollo industrial sin precedentes, el sistema energético se renovó, sobre todo a partir del incremento del consumo de petróleo y electricidad. La industria se hizo más eficiente al incorporarse el Tayiorismo y el Fordismo como nuevas modalidades de producir y organizar el trabajo y la producción en serie se impuso. También se desarrollaron nuevas actividades relacionadas indirectamente con las nuevas industrias, como la construcción de carreteras, de aeropuertos, de viviendas de fin de semana, etc.
Como la competencia industrial era muy fuerte, aumentó la concentración empresarial, dando lugar a la formación de trusts.
La agricultura, por el contrario, no vivió un crecimiento similar, pues los precios agrícolas se mantuvieron por debajo de los precios industriales, generando un desequilibrio desfavorable al sector primario. Ante esto, muchos campesinos vendieron sus tierras por debajo del valor real y se fueron a las ciudades.
Sin embargo, la prosperidad indefinida y el optimismo se extendían por todas partes. Eran los años dorados del consumismo y de la exaltación nacionalista. Se creía alcanzada la meta de ser una sociedad opulenta. El clima de confianza se tradujo en la compra de acciones de las empresas industriales por parte de un gran número de la población, siendo la Bolsa de Nueva York el centro de la economía mundial, a dónde llegaban capitales de todos los puntos del planeta.
A pesar de esto, como la economía mundial estaba en desequilibrio con respecto a los Estados Unidos, no se pudo generar una demanda suficiente que pudiese sustentar la expansión industrial. Esto dio lugar a que ya en 1925, se comenzase a acumular stock de diversos productos, dando lugar a la caída de los precios, al desempleo y a la pérdida de la capacidad adquisitiva de la población.
Hacia fines de la década, la compra de acciones de manera desenfrenada creció en un 90%. La especulación financiera hacía ganar dinero rapidamente, siendo el valor de las acciones ficiticios, ya que estaban por encima de su valor real. (La gente sacaba créditos en los bancos y ponía ese mismo dinero en la bolsa, a un interés mas alto de lo que pagaba)
La caída de la Bolsa de Nueva York:
EL PORQUE DE LA CRISIS: A medida que la prosperidad aumentaba, los empresarios buscaron nuevas negocios para invertir sus ganancias. Prestaban dinero a Alemania y a otros países e instalaban sus industrias en el extranjero (la Argentina y Brasil, entre otros). También invertían en maquinarias que permitían aumentar la producción. Desde que advirtieron que tendrían dificultades para vender tanta mercadería, comenzaron a invertir en bienes de lujo, como joyas o yates, y en negocios especulativos. La compra de acciones en la bolsa se fue transformando en uno los más rentables. Muchas veces, para comprar acciones, los empresarios pedían créditos a los bancos. Debido a que la ganancia de las acciones podía llegar a un 50% anual y el interés que debían pagar por los créditos bancarios era del 12%, los beneficios que obtenían eran enormes. A fines de la década, la prosperidad, que antes estaba basada en el desarrollo industrial, pasó a depender de la especulación. En 1928, algunos síntomas hacían prever que la economía estaba en peligro. Los ingresos de la población no habían subido tanto como para que el consumo siguiera creciendo. Los almacenes estaban llenos de mercaderías que no podían ser vendidas y muchas fábricas comenzaron a despedir a sus trabajadores. Sin embargo, en la bolsa seguía la fiesta especulativa. Los precios a que se vendían las acciones no reflejaban la situación económica real de las empresas. Aunque el crecimiento de muchas de ellas se había detenido, sus acciones seguían subiendo porque había una gran demanda de los especuladores. Nadie pudo o quiso darse cuenta de la gravedad de la situación. Cuando en octubre de 1929 la Bolsa de Nueva York quebró, la crisis fue inevitable y se extendió al sistema bancario, a la industria, el comercio y al agro estadounidenses. Sus consecuencias se sintieron también en todo el mundo y perduraron hasta la Segunda Guerra Mundial.



El jueves 24 de octubre de 1929, se produjo el crash de la bolsa de Wall Street. Más de 13.000.000 de títulos que cotizaban en baja no encontraron compradores y ocasionaron la ruina de miles de inversores, muchos de los cuales, habían comprado las acciones con créditos que ya no podrían pagar. Esto llevó a que la gente entrara en pánico, y quienes poseían dinero en cuentas bancarias corrieron a retirarlo. Los bancos no eran capaces de hacer frente a tal magnitud de reintegros, y además, como en los Estados Unidos se había tratado de hacer frente al descenso de la demanda con una expansión de¡ crédito a los ciudadanos comunes, se vieron desbordados por deudas incobrables. Ante esto, se negaron a dar nuevos créditos y a refinanciar las deudas existentes, pero sin embargo, aproximadamente 600 bancos americanos quebraron.
A partir de ese momento se inició un período de contracción económica mundial, conocido como la "GRAN DEPRESiÓN".
En los Estados Unidos, el descenso de¡ consumo hizo que los stocks acumulados crecieran, las inversiones se paralizaran y muchas empresas tuviesen que cerrar sus puertas.
La caída de la actividad industrial supuso una desocupación generalizada, de tal manera que se calcula que hacia 1932, existían en los Estados Unidos cerca de 13.000.000 de desocupados.
La depresión trajo también penuria en el campo, pues muchos agricultores se arruinaron como consecuencia de la caída de los precios y de los mercados agrícolas. Como solución desesperada para poder pagar sus deudas, gran cantidad de trabajadores agrícolas vendieron sus tierras a precios irrisorios y se fueron a trabajar al oeste.
La pobreza no alcanzó solo a campesinos y obreros, sino que se extendió a empleados, profesionales y capitalistas arruinados.
Extensión de la crisis
Las conexiones existentes en la economía internacional, pero sobre todo la dependencia que de los Estados Unidos tenía la economía europea, hicieron que la Gran Depresión, se extendiera por todo el mundo.
La caída de los precios en América afectó a las industrias de otras partes de¡ mundo que tenían precios superiores a los estadounidenses y que al no poder competir, vieron drásticamente reducidas sus exportaciones. Al mismo tiempo, la disminución de la demanda norteamericana, (y por ende, de sus importaciones), frenó las exportaciones de muchos países, con lo que disminuyó el comercio mundial.
Los Estados Unidos también trataron de repatriar capitales que habían invertido en diferentes países. Esto tuvo una especial repercusión en Alemania, que tenía cuantiosos créditos tomados a Norteamérica, pues ese país había sido prácticamente obligado a endeudarse para hacer frente a las reparaciones de guerra estipuladas en el Tratado de Versalles, las que debían ser pagadas en efectivo. La crisis afectó también a Austria, Gran Bretaña, Francia, América Latina, el Sudeste Asiático, Australia, y muchos más, ya que salvo en la Unión Soviética, sus consecuencias repercutieron de una u otra manera en todo el planeta.
El New Deal
La crisis había llevado a replantear el rol de¡ Estado en la economía de una nación. En marzo de 1933 asumió como presidente de los Estados Unidos, Frankiin Rooseveit, quien se fijó como principal objetivo reconstruir la economía de su país.
Para esto desarrolló un plan conocido como "New Deal", que consistía en la regulación de la economía favoreciendo las inversiones, el crédito y el consumo, lo que permitiría reducir el desempleo. El gasto público debía orientarse a la seguridad social y a la educación.
El modelo estaba inspirado en las ideas de¡ economista John Keynes que expuso sus principios en el libro "La teoría general del empleo, el interés y el dinero". Keynes sostenía los principios del liberalismo clásico, pero proponía la intervención del Estado en aquellos casos en que se viera perjudicado. Creía que una redistribución de los ingresos y el aumento de la tasa de empleo, reactivaría la economía. Nació así la teoría keynesiana.
Las medidas adoptadas por Roosevelt fueron: ayudar a los bancos, subvencionar a los agricultores, aumento de los salarios y reducción de las horas de trabajo, creación de nuevos puestos de trabajo en la administración pública y en obras públicas, lo que daría un fuerte impulso a la construcción y a sus industrias derivadas. También se establecieron planes de asistencia sanitaria y se organizó un nuevo sistema de jubilaciones y pensiones"
Los resultados del New Deal fueron desiguales, lográndose estabilización en lugar de crecimiento. No se logró el pleno empleo y la permanencia de un número alto de desocupados, hicieron de la década del 30. Un período de tensiones y enfrentamientos sociales

Pánico en la Bolsa: el Ibex-35 registra descensos superiores al 7%


Los expertos prevén un debilitamiento de la economía europea.
El Ibex-35 de Madrid cotizaba poco después de la apertura descensos superiores al 2%.
Es la mayor caída desde hace casi cuatro años.

Todas las bolsas europeas, también la española, han registrado este lunes importantes caídas. Así, el Ibex-35 del mercado español que cotizaba poco después de la apertura con descensos superiores al 2%, alcanzaba ya el 7% a las 13:00 en un contexto bajista de las bolsas internacionales ante los persistentes indicios de debilidad de la economía estadounidense.



"El mercado ha entrado en una tendencia bajista y ahora mismo toca caer y no hay prácticamente ningún valor que se pueda salvar. Es una cuestión de inercia desatada por el temor a que la economía de Estados Unidos entre en recesión", dijo un operador.
En este escenario, los grandes valores del mercado español, como Santander, BBVA y Telefónica, también cotizaban con pérdidas cercanas al 2%. Se trata de la mayor caída desde hace casi cuatro años.
Otro foco de atención en el mercado era la suspensión de cotización de Inmobiliaria Colonial. El sábado, el diario Expansión dijo que General Electric estudia lanzar una oferta sobre la inmobiliaria española.
Entre los valores más penalizados figuraban además los valores del sector constructor (como Sacyr-Vallehermoso) más afectados ante la desaceleración de la economía en España.
Las bolsas europeas también sufrenLas bolsas europeas también se han desplomado por el temor a que la economía estadounidense entre en recesión pese al programa de ayuda coyuntural presentado por el Gobierno de EE UU.
Los mercados de valores de Europa estuvieron además influidos por las pérdidas de las bolsa asiáticas y del cierre en negativo de Wall Street el pasado viernes.
Expertos prevén un debilitamiento de la economía europeaAlgunos expertos prevén un debilitamiento de la economía europea, arrastrada por la recesión en EEUU.
Tras una apertura fuertemente a la baja, los parqués del Viejo Continente aumentaron los descensos en la primera hora de negociación hasta una media cercana al 3%.
En Europa, los valores que más bajaron fueron los bancos, las aseguradoras y los de compañías de la construcción y de materiales .
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El desplome de la Bolsa china causó un martes negro mundial


CRISIS BURSATIL : EL FENOMENO SE COMBINO CON MALAS PERSPECTIVAS DE LA ECONOMIA DE EE.UU.
Las acciones en Shanghai cayeron 8,8%. Fue como consecuencia de medidas oficiales para frenar la especulación. Hubo un efecto dominó en el mundo. Wall Street registró la peor caída desde el 11-S.
BEIJING Y NUEVA YORK. AP, AFP, EFE Y DPA

Una baja de casi 9% en el valor de las acciones de la Bolsa de Shanghai sacudió ayer a los mercados mundiales del Pacífico al Atlántico, en un efecto dominó que cruzó todos los continentes.

Fue la peor jornada en 10 años para la Bolsa china y varias las razones para esta crisis: mayores controles para frenar una burbuja bursátil en el gigante asiático que generaron una venta compulsiva de papeles, de ahí la fuerte caída; un discurso del ex titular de la Reserva Federal de EE.UU., el influyente Alan Greenspan, quien auguró una posible recesión en su país para este año; y, como condimento político, aunque de menor peso, un fallido atentado suicida en Afganistán contra el vice de EE.UU. Dick Cheney.

La caída de Shanghai replicó en todas partes. En Wall Street, la Bolsa neoyorquina tuvo la peor performance en puntos desde el fatídico setiembre de 2001 (en la reapertura tras el atentado al World Trade Center) y la peor en porcentaje (3,3 por ciento) desde 2003. Varios operadores manifestaron temores sobre la salud de la primera economía mundial al conocerse cifras menores a las esperadas en cuanto a órdenes de fabricación de bienes durables, otro elemento que explicó las caídas. El valor del dólar también cayó frente a otras monedas.

En Europa, las Bolsas de Londres, Francfort, París y otras tuvieron pérdidas del 2 y 3%. En Madrid, el panel para empresas latinoamericanas observó una baja del 5%. Fue más leve la repercusión en Bolsas de Asia. Y más fuerte en Latinoamérica: la Bolsa de Buenos Aires cayó 7,5% y la de San Pablo, 6,43%, su peor día desde setiembre de 2001.

En Shanghai, como en otras Bolsas, las operaciones se paran si el indicador general cae más de 10%. Eso se puso en práctica en 1996 pero nunca había sucedido un derrape como el de la víspera, mayor aun al del 18 de febrero de 1997, cuando bajó un 8,9% tras la muerte del líder comunista Deng Xiaoping, propulsor de las reformas de mercado. Más de 800 empresas terminaron ayer con un retroceso superior a ese límite de 10%: bancos, automotrices y acerías fueron los más afectados.

En el panel de Shanghai dominan largamente los grandes conglomerados estatales chinos: de bancos, infraestructura, minería, puertos, telecomunicaciones, siderúrgicos, aeropuertos, etc.

Gatilló la rueda negativa la decisión del gobierno de Beijing de subir los encajes bancarios, es decir, la parte de los fondos del sistema financiero que no pueden movilizarse. También se impusieron controles bancarios y se anunció que una comisión con la autoridad de control de la Bolsa, el Banco Central, el Ministerio de Comercio y la policía vigilará los movimientos bursátiles, para dar más transparencia y evitar la especulación. Y filtrará la procedencia de los fondos invertidos para detectar fraudes, luchar contra los delitos de uso de información privilegiada y reforzar la vigilancia del mercado. En 2006, el frenesí de operaciones infló el índice general 130% y el gobierno sospecha de dinero espurio.

"Actualmente hay una burbuja. Los inversores deben preocupar se sobre los riesgos", advirtió recientemente Cheng Siwei, vicepresidente de la Asamblea Nacional Popular (Parlamento), inquieto por las amenazas que pesan sobre los ahorristas chinos.

Conocidas las medidas, ayer muchos inversores externos, pese a que siempre reclaman más "transparencia" al mercado chino, se retiraron en masa del mercado y provocaron la caída. Otros llamaban a la prudencia.

Los rumores de que "China piensa imponer una tasa a las ganancias de capital derivó en una caída de los mercados regionales", dijo S. Sharath, analista financiero de Malasia. Para otros expertos, las medidas apuntan a enfriar algo la notable expansión china de los últimos años.

Sin embargo, los temores de un verdadero crac bursátil son infundados, estimó Johanna Melka, analista del banco Ixis CIB. "Los contextos macro y microeconómico (chinos) son sólidos. El mercado de acciones en China se va a sanear y madurar cada vez más bajo el impulso de la presencia creciente de inversores institucionales, una reducción de la liquidez, un aumento del capital bursátil y, por lo tanto, una mejor representación de la economía en los mercados", estimó en un estudio reciente.

Pero el hundimiento bursátil de ayer refleja no sólo las tensiones de la economía china sino también los temores de una recesión en EE.UU. y las tensiones políticas en torno a Irán y Afganistán, dos escenarios que no tienen solución a la vista.

más informacion: http://www.clarin.com/diario/2007/02/28/elmundo/i-01910.htm

Escribe el resto de la entrada aquí (Ya completo...)

domingo, 20 de enero de 2008

Utilizando a Bhutto para el avance imperial


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Stephen Lendman
StephenLendmanBlog


Benazir Bhutto dirigió el Partido Popular de Pakistán (PPP) como “presidenta de por vida” hasta el momento en que murió. Era la privilegiada hija de un anterior Presidente y Primer Ministro de Pakistán, Zulfikar Ali Bhutto, que fue ahorcado en 1979 a instancias, probablemente, de Washington, y que fue reemplazado por un dictador militar, el General Muhammad Zia-ul-Haq, quien, más tarde, dejó de ser útil, muriendo en un “misterioso” accidente de avión organizado probablemente por la CIA que permitió que Bhutto se convirtiera en Primera Ministra en 1988.
Bhutto buscó acceder el cargo para vengar la muerte de su padre, convirtiéndose en dos ocasiones en la primera mujer Primera Ministra de un estado islámico: la primera vez, de 1988-1990, y la segunda, de 1993-1996. Al final, se pasó de lista y lo pagó caro. No estuvo muy acertada al pensar que lograría un acuerdo vinculante con la administración Bush para que la restaurara en el poder por tercera vez como número dos de Pervez Musharraf y como rostro democrático de las elecciones fijadas para el 8 de enero, que han sido pospuestas. Quizá acertó el 6 de noviembre, cuando regresó de un exilio auto-impuesto. Al igual que ahora, el país estaba en ebullición, y Washington arregló las cosas para llegar a un acuerdo para compartir el poder (así parecía) y restaurar la estabilidad alterada por esta serie de acontecimientos:

· Musharraf suspendió en marzo al Presidente del Tribunal Supremo de Pakistán Iftijar Mohammad Chaudhry, acusándole falsamente de “mala conducta y abuso de autoridad”, y utilizó esa excusa para despedir a un funcionario que era probablemente clave para bloquear su plan de continuar como Presidente otros cinco años mientras seguía siendo también, ilegalmente, el jefe del estado mayor del ejército (COAS), que es quien realmente detenta el poder en el país.

· La respuesta de los partidos de la oposición, organizaciones de abogados y grupos de derechos humanos fue de indignación. Dijeron que la acción era inconstitucional y se manifestaron públicamente en su contra.

· El 6 de octubre, Musharraf celebró unas elecciones falsas, como muchas otras anteriores en un país donde la democracia es una burla. Fue orquestada por el ejército, era claramente anticonstitucional, y Musharraf ganó todos los votos parlamentarios, excepto cinco, y barrió en las votaciones de la Asamblea Provincial.

· Después, el Tribunal Supremo de Pakistán dijo que no proclamaría ningún vencedor hasta que decidiera si Musharraf podía presentarse como candidato al compartir su puesto de Presidente con el que ocupaba en el COAS. Constitucionalmente, no podía, y las protestas estallaron y desde entonces se ha desatado un torbellino en el país y Musharraf ha perdido toda credibilidad.

· Esa fue la oportunidad que se le ofreció a Bhutto para volver, para servir de nuevo en el cargo que había ocupado dos veces anteriormente, pensando que sus aliados de Washington lo arreglarían todo. Quizá sí o quizá no. No importaba que la estuvieran utilizando para aparecer como el rostro democrático y la hoja de parra adjunta que tapara las vergüenzas de la dictadura de Musharraf, pero cualquiera que fueran los planes, todo cambió claramente el 27 de diciembre sin conocimiento de Bhutto. Ahora ella no está y, el pasado mes de noviembre, Musharraf transfirió nominalmente su puesto como jefe del ejército a su estrecho aliado el General Ashfaq Kayani. También levantó, a mediados de diciembre, un largo estado de emergencia frente a las elecciones fijadas para el 8 de enero, pospuestas ahora hasta el 18 de febrero tras el asesinato de Bhutto, por el momento...

Ahora, ella, con su muerte, ha conseguido mayor estatura política que en vida, y se la refiere reverencialmente como populista. Su hijo de 19 años, Bilawal (que estudia en Oxford), encabeza ahora el PPP como figura decorativa y abanderado de la tercera generación de la dinastía familiar, con su padre, Asif Zardari, co-presidente del partido y jefe de facto. Más sobre él dentro de un momento.

¿Quién era Benazi Bhutto y por qué es importante?




¿Quién era esa mujer, por qué atraía la atención mundial? ¿Por qué otro artículo más cuando tantos se han escrito y, probablemente, muchos más les seguirán? Bhutto era una aristócrata, una privilegiada en todos los aspectos, que creció en medio de la opulencia como hija educada en Harvard y Oxford de un padre que era un rico terrateniente y fundador del principal partido de la oposición en Pakistán (el Partido Popular de Pakistán, PPP), que Bhutto encabezó tras su muerte.

Cuando estuvo en el poder, no se distinguió precisamente por sus dotes democráticas en una nación dirigida por los militares desde su artificial creación en 1947. Las elecciones, cuando se celebraban, estaban manipuladas, y el ejército dirigía las cosas para Washington como estado vasallo en una nación denominada como un ejército con un país, no un país con ejército. El ejército lo forman 550.000 elementos, su fuerza aérea y marina 70.000, más 510.000 reservistas apoyándoles y armados hasta los dientes con las armas suministradas por EEUU para la “Guerra Global contra el Terrorismo”.

Actualmente, los agentes del FBI merodean libremente por las calles, el Pentágono actúa fuera de las bases militares pakistaníes y tiene de facto el control del espacio aéreo como parte del permanente estado de guerra de la administración Bush “que no acabará en la vida”. Pakistán es un estado clientelista, pero ¿qué opción tiene? Tras el 11-S, el Secretario de Estado Adjunto Armitage advirtió a Musharraf que acatara las órdenes que le dieran o sería declarado potencia hostil y “bombardeado hasta devolverle a la edad de piedra”. Pilló el mensaje y, también, una recompensa de miles de millones de dólares.

Bhutto conocía asimismo el juego y el New York Times explicaba, en un artículo del 30 de diciembre titulado “Cómo Bhutto se ganó Washington”, que ella “entendió siempre a Washington mejor que Washington la entendió a ella”. Su relación empezó en la primavera de 1984 con ocasión de su primer “viaje importante” al Capitolio. En aquella época, trató de persuadir a la administración Reagan de que, con ella en el poder, estaría mejor servida, pero para que así fuese tenía que superar la reputación de anti-occidental de su padre. Con enorme ayuda, logró triunfar al asegurar a los miembros del Congreso que estaba a bordo del mismo buque y que apoyaba la guerra por poderes de Washington contra la Unión Soviética en Afganistán.

Defectos aparte, tenía sus atributos, y The Times se refería a ella como “absolutamente encantadora”, muy bella y una mujer “que sabía halagar a los senadores”, entender sus preocupaciones y servir mejor a los intereses estadounidenses que el hombre que ahorcó a su padre, el General Zia-ul-Haq. Al mismo tiempo, empezó a trabajar con el Director Ejecutivo del Comité Nacional Demócrata, Mark Sieger, que más tarde presionó a favor de su gobierno cuando ella era Primer Ministra. En los primeros momentos, la acompañó por las salas del Congreso, la ayudó a entablar y desarrollar relaciones y le hizo entender que para progresar tendría que aprender sobre la marcha.

Comprendió con rapidez y se convirtió en Primera Ministra en diciembre de 1988, una vez que se presentó para el cargo, ganando muchos votos pero no la mayoría y consiguiendo que los funcionarios de la administración Reagan arreglaran un acuerdo con el Presidente de Pakistán para que ella formara gobierno. Según un influyente contacto de los círculos de Washington, fue la “consecuencia directa de sus contactos, de haber sido capaz de persuadir al establishment de Washington, a la comunidad de la política exterior, a la prensa, a los think tanks, de que era demócrata”, moderada, y que respaldaría la agenda de EEUU en Afganistán contra los soviéticos. Retóricas públicas aparte, se mantuvo a bordo desde entonces, pero pagó con su vida por no comprender cómo actúa Washington: como tantos otros estados canallas, utilizando a los dirigentes, succionándolos y deshaciéndose después de ellos.

Al final no importó que por dos veces sobreviviera a su destitución del poder por acusaciones de corrupción o que se las arreglara para coexistir con los servicios de inteligencia (ISI) y el ejército de su país que tanto desconfiaban de ella. Hasta que su estrella se apagó, mantuvo lazos en Washington con miembros clave del mundo de la prensa. Politiqueó bien y “entendió la naturaleza de la vida política, que consiste en mantenerse en contacto con gente (clave) tanto si estás, como si no, en el poder”, haciéndoles saber que les apoyas.

Como tantos otros de su talla, también confió en una firma de relaciones públicas para arreglar reuniones con los poderosos y recursos le sobraban para poder hacerlo así. “Mantuvo todos sus contactos” pero pagó con su vida. Trató de convencer a Washington de que la “guerra contra el terrorismo” de Musharraf fracasaba, que ella podía hacerlo mejor como aliada local y que eliminaría a los elementos extremistas (es decir, los talibanes y Al Qaida) mediante un esfuerzo resuelto de mantener la presión.

Sonaba bien, pero era arriesgado y peligroso. El ejército de Pakistán se oponía, especialmente los soldados rasos; un esfuerzo reforzado aseguraba una protesta pública inmensa; desbaratar a los talibanes beneficiaba a la India; y hacer el intento y fracasar podía envalentonar a esas fuerzas, como la ocupación estadounidense aprendió en Afganistán. Al final, es posible que Washington y el ISI pakistaní hayan concluido que Bhutto era más un incordio que un activo y que tenia que desaparecer. Las cosas llegaron a un punto crítico el 27 de diciembre, ahora ella es una mártir y tiene más fuerza muerta que viva.

Sin embargo, no fue así mientras fue Primera Ministra, cuando su gobierno se vio marcado por el nepotismo, oportunismo, intrigas, corrupción, gobierno mínimo y venta a Occidente. Su popularidad anterior se esfumó, especialmente cuando se corrió la voz de los trapicheos de su comerciante marido. Asif Zardari era conocido como “Míster Diez por Ciento” (por algunos como “Míster Treinta por Ciento”) porque pedía, como esposo de la Primera Ministra, una parte en los acuerdos y hasta más en algunas ocasiones.

Parece ser que también estuvo traficando con drogas y se le investigó por ello. Con su mujer en le poder, amasó miles de millones incluidos los que robó de los fondos públicos, que fue excesivo incluso para los niveles pakistaníes y lo suficiente para lograr que el Presidente del país despidiera a Bhutto tras 20 meses en el poder. Si ella era culpable o no, no importa realmente. Como Primera Ministra, convirtió a su marido en ministro de gabinete, le dejó todo el terreno libre para que dispensara favores a cambio de sobornos; tenía que conocer esos hechos y no hay pruebas de que le pusiera objeciones, disfrutando de las riquezas durante su permanencia en el puesto y después.

A pesar de todo ello, Bhutto consiguió una segunda oportunidad. Regresó como Primera Ministra en 1993 para otros tres años, pero fue de nuevo despachada por acusaciones de corrupción e incompetencia aún más graves que la primera vez, en esa ocasión fue el Presidente Faruq Leghari, miembro del PPP, y alguien de quien ella pensaba que era un aliado. Él tenía realmente motivos porque la suma robada anteriormente fue el prologo de la fortuna que ella y su marido (como Ministro de Inversiones) amasaron durante el segundo período en el poder.

Fue suficiente que Transparency International, un grupo de control independiente, nombrara a Pakistán como el segundo país más corrupto del mundo en 1996 (el último año de Bhutto en el poder). También consiguió acusarla de blanqueo de dinero en Suiza y de sobornos y la convirtió en fugitiva con acusaciones pendientes en España, Gran Bretaña y su Pakistán nativo. Eso duró hasta que Musharaff firmó una “ordenanza de reconciliación” absolviéndola de todas las acusaciones pendientes y permitiéndole gobernar como Primera Ministra por tercera ver como parte de un acuerdo para compartir el poder con ella como número dos.

El puesto anterior de Bhutto se caracterizó también por otro elemento notable. Fue la época en que el ejército y el ISI de Pakistán auparon a los talibanes con ayuda secreta de la CIA. El lazo existe aún y, en septiembre de 2006, en una vista del Comité de Asuntos Exteriores del Senado, el General James Jones, anterior Comandante Supremo de la OTAN (y que supervisa las operaciones en Afganistán de EEUU-OTAN), testificó que era “generalmente aceptado” que los dirigentes talibanes operaban fuera de Quetta, Pakistán, la capital de la provincia de Baluchistan que tiene fronteras con Afganistán y con Irán.

Musharraf y otros oficiales pakistaníes lo niegan, pero no se pueden ocultar los hechos ni que nada de importancia sucede en Pakistán sin conocimiento y/o consentimiento de Washington. Tampoco es ningún secreto que el ISI de Pakistán es una rama de la CIA y que sus actividades regionales están estrechamente unidas. Bhutto estaba a bordo, pero ¿qué otra opción tenía?

Durante toda su vida fue hija del privilegio, actúo como tal y disfrutó de la buena vida que los miles de millones permiten. Los medios más importantes la persiguieron pero omitieron su lado oscuro: como Primera Ministra, codició el poder, fue arrogante y despectiva, ignoró a los pobres y a las mujeres pakistaníes, permitió que se reforzaran leyes escandalosas, dejó el terreno libre al ejército, incluyendo los temas relativos a las armas nucleares, y consideró Pakistán como su feudo personal. Su hogar era una mansión de 50 millones de dólares sobre unos 450.000 metros cuadrados, y gobernó como un señor feudal. La familia todavía posee un estado completo de millón y medio de metros cuadrados con pista para aterrizaje de helicópteros y establos con caballos para jugar al polo, una mansión en Dubai, dos propiedades en Texas, seis en Florida, varias casas más en Francia y grandes cuentas bancarias estratégicamente situadas por todo el mundo, incluyendo EEUU y Francia.

Desde la época de la muerte de su padre a la suya propia, Bhutto mantuvo estrechos lazos con Washington, la CIA, el ejército de Pakistán, su ISI, así como con los talibanes (lazos establecidos durante su segundo mandato), el “Islam militante” y los intereses de las Grandes Compañías Petrolíferas. Fue una servidora del poder y se embolsó miles de millones por sus esfuerzos. Al final, perdió y pagó con su vida el 27 de diciembre.

¿Quién mató a Bhutto y por qué?

La muerte de Bhutto se produjo por disparos que le alcanzaron la parte posterior de la cabeza y que provenían de uno o más asesinos situados muy cerca de ella, más los efectos de un suicida-bomba que mató a más de dos docenas de personas e hirió a muchos otros que se arracimaban alrededor de ella. Sucedió en Rawalpindi, que no era precisamente una “ciudad corriente”, como explica Michel Chossudowsky. Es la patria del ejército pakistaní, del ISI ligado a la CIA, y es la sede de facto del poder del país. Chossudovsky añade: “Irónicamente, Bhutto fue asesinada en una zona urbana estrechamente controlada y vigilada por la policía militar y las fuerzas de elite del país”.

Rawalpindi y la capital del país, Islamabad, son ciudades hermanas, separadas por unos quince kilómetros. Pululan por ellas infinidad de operativos de inteligencia, incluidos los de la CIA, y Chossudovsky subraya que el asesinato de Bhutto “no fue un hecho al azar”. Culpar a Al Qaida supone que no se ha captado nada, pero así es como operan esas estratagemas. Se ve también más claro si se emite un vídeo convincente, como hizo el Canal 4 en Gran Bretaña el 30 de diciembre. Desacreditó la versión oficial y puso de manifiesto que Musharraf era un embustero cuando dijo que Bhutto había muerto de una fractura craneal “cuando fue lanzada hacia arriba por la fuerza de la onda de choque (explosión) (y) una de las palancas del techo descapotable (de su coche) la hirió”.

La cuestión no es entonces quién la mató, sino quién ordenó que la mataran y quién se beneficia de ese hecho. Musharraf acudió rápidamente al sospechoso habitual: Al Qaida, pero ignoró lo que William Engdahl observó en su artículo aparecido en Global Research el 4 de enero titulado “El asesinato de Bhutto, ¿quién sale beneficiado?”. Señala que no es una tarea tan sencilla matar a dirigentes políticos que van muy bien protegidos. “Requiere entrenamiento de agencias de inteligencia profesional para asegurar que se hace el trabajo” correctamente y que nadie pueda revelar quién lo ordenó ni el motivo.

Engdahl también afirma que tanto a Musharraf como a Washington les viene bien nombrar a Al Qaida. Sirve para aumentar los temores de la gente, acelera la “guerra contra el terror” y proporciona justificantes para que continúe. También refuerza el mito de Al Qaida así como al “enemigo número uno” bin Laden, e ignora las evidencias de que la CIA los creó a ambos en la década de 1980 para la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Al igual que silencia la posibilidad de que bin Laden esté muerto, asesinado (como Bhutto le dijo a David Frost el otoño pasado) por Omar Sheik, de quien el London Sunday Times dijo que “no era un terrorista corriente sino un hombre con conexiones para poder llegar a lo más alto del ejército e inteligencia pakistaníes y hasta en los círculos más recónditos” de bin Laden y Al Qaida.

Realmente, un bin Laden muerto desbarata la doctrina de la seguridad nacional de Washington que precisa de enemigos para tener a la gente asustada, elimina la historia del “enemigo público número uno” y pone de manifiesto que las cintas de video que estratégicamente se publican no son sino fraudes made in Washington. En la actualidad se nos dice que los terroristas islámicos dirigidos por Laden amenazan Occidente, pero al mismo tiempo los utilizan para avanzar imperialmente, como hicieron los soviéticos, en los Balcanes y como hacen ahora en Iraq, Irán, Afganistán y algunos sitios más. Si los operativos de Al Qaida mataron a Bhutto, significa que el ISI de Pakistán y la CIA están implicados, lo que es muy probable. Olviden la teoría de un perdido terrorista carne de cañón o de un único asesino contra Bhutto. Consideren “cui bono” (*), examinen las pruebas, que señalan hacia Washington e Islamabad.

En el Pakistán de hoy en día abundan las intrigas y el país está desestabilizado, como Michel Chossudovsky observa en su artículo publicado el 30 de diciembre en Global Research titulado “La Desestabilización de Pakistán”. Asesinar a Bhutto contribuye a desestabilizar más y Chossudovsky infiere un “cambio de régimen” patrocinado por EEUU. Musharraf es tan débil y está tan desacreditado que “su continuidad bajo un gobierno militar ya no es la idea central de la política exterior estadounidense”. El régimen de Musharraf “no puede prevalecer”, y la idea de Washington es “promover activamente la fragmentación política y balcanización de Pakistán como nación”.

De todo ello surgirá un nuevo liderazgo político que se mostrará “obediente”, no estará “comprometido con los intereses nacionales (de Pakistán)”, y actuará con servilismo ante “los intereses imperiales de EEUU, mientras, al mismo tiempo… va debilitando… al gobierno central (y fracturando) la frágil estructura federal de Pakistán”.

Todo esto tiene mucho sentido como parte de la agenda más amplia de Washington para Oriente Medio y Asia Central. Pakistán es un estado clave de primera línea, un “centro geopolítico”, con un papel central que jugar en la “Guerra Global contra el Terrorismo”. Eso incluye “balcanizar” el país al estilo yugoslavo, de la misma forma que se planeó para Iraq, Afganistán e Irán: la simple estrategia de divide y vencerás. Chossudovsky añade: “La continuidad, caracterizada por el papel dominante del ejército y de la inteligencia pakistaníes (desarrollada hasta ahora) ha sido descartada a favor de la ruptura política y la balcanización”. La idea es fomentar las “divisiones sociales, étnicas y de facciones y la fragmentación política, incluyendo la ruptura territorial” del país.

No es más que la habitual estrategia estadounidense, con el apoyo secreto de la inteligencia. Véase el artículo del New York Times del 6 de junio titulado “EEUU está pensando en llevar a cabo en secreto nuevas presiones dentro de Pakistán” para explotar la muerte de Bhutto. Afirma que altos consejeros de la seguridad nacional (incluyendo a Dick Cheney, Condoleeza Rice y el Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, el Almirante Michael Mullen) pueden ampliar la autoridad de la CIA y del ejército para que lleven a cabo operaciones secretas mucho más agresivas en zonas tribales de Pakistán” contra Al Qaida y los talibanes a fin de contrarrestar sus esfuerzos y “desestabilizar al gobierno pakistaní”.

El artículo afirma que Musharraf y el ejército comulgan con esa idea, da las habituales razones pero omite lo que está realmente en juego incluso cuando admite que Musharraf es muy impopular y que una intervención estadounidense podría “provocar una poderosa reacción popular contra ambos países”.

Chossudovsky deduce y explica que la estrategia estadounidense trata de desencadenar un “enfrentamiento religioso y étnico”, incitar y financiar “movimientos secesionistas mientras también intenta debilitar” al gobierno de Musharraf. “El objeto más amplio es fracturar el Estado Nación… volver a trazar las fronteras de Iraq, Irán, Siria, Afganistán y Pakistán” y reemplazar de paso a Musharraf. Es impopular, estropea las cosas y tiene que irse.

Bhutto era parte inconsciente del plan pero no de la forma que ella planeaba. Pensaba que Washington la necesitaba ahí, y tenía razón: pero no como Primera Ministra sino como mártir para desestabilizar el país y hacerlo pedazos si el plan funciona. Esto bien puede ocurrir, ya que los elementos secesionistas internos son fuertes, especialmente en la provincia rica en energía (sobre todo gas) de Balochistan, y hay “indicadores” de que esos intentos están apoyados por “Gran Bretaña y Estados Unidos”. La idea es un “Gran Balochistan” integrando las áreas Baloch de Pakistán con las que están en Irán y en el sur de Afganistán.

Chossudovsky explica que no fue “accidental que el informe de la CIA-Consejo de Inteligencia Nacional de 2005 predijera para Pakistán un ‘destino parecido al yugoslavo’ ” a causa de la “mala administración económica”, fabricada tanto a nivel interno como externo. Recuerden también que el país se dividió ya antes, en 1971, cuando el Este de Pakistán se convirtió en Bangladesh tras meses de guerra civil contra la India que se llevó un millón, o más, de vidas. Los pakistaníes pueden verse enfrentando de nuevo esa perspectiva como lleguen a desarrollarse los planes estadounidenses.

El Panorama Futuro Permanece Incierto

Hay planteados grandes interrogantes, los más importantes se refieren a si funcionarán los planes de romper el país, quién surgirá, si contará con suficiente apoyo popular para dirigirlo y si el pueblo lo aceptará. No tienen gran incentivo en hacerlo así una vez que remita la rabia por la muerte de Bhutto, y datos de recientes encuestas muestran una abrumadora oposición de la gente ante EEUU o cualquier otra intervención exterior, que es de lo que trata gran parte del plan. Al fin y al cabo, sus puntos de vista no cuentan y cualquier cosa puede acontecer a partir de las intrigas políticas y la fuerza bruta de Washington.

Los informes anteriores al asesinato de Bhutto señalan en esa dirección. Sugieren que las fuerzas especial estadounidenses, y otras, operan ya en Pakistán, y el jefe del Comando de Operaciones Especiales de EEUU, el Almirante Eric Olson, acordó el pasado verano y otoño, con Musharraf y el ejército de Pakistán, aumentar sustancialmente sus componentes, este año y cuanto antes. También hay comprometido lo que The New York Times informó en noviembre acerca de que “EEUU Confía en Utilizar a las Tribus Pakistaníes Contra Al Qaida” en las “zonas fronterizas” del país.

El plan es similar al realizado en la provincia de al-Anbar en Iraq a base de sobornos y armas para sellar un acuerdo aparentemente ahora finalizado. El Comandante del Mando Central de EEUU, el Almirante William Fallon, aludió a él en una reciente entrevista en Voice of America diciendo que estaban listos para proporcionar “entrenamiento, ayuda y tutoría basada en nuestra experiencia con las insurgencias”, pero omitió la parte relativa a los sobornos que está presente en esos acuerdos.

Esto provoca especulaciones diversas, pero no se pierdan un artículo del Wall Street Journal del 8 de enero. Se titulaba “El asesinato de Bhutto Irrita en la Provincia, espoleando los llamamientos a la separación de Pakistán” y llama a Sind, la provincia nativa de Bhutto (la segunda mayor de las cuatro provincias de Pakistán), “la Falla Más Reciente aparecida en un País Fracturado; una especie de Territorio Ocupado”.

Los dolientes seguidores desfilaron ante a la tumba de Bhutto cantando “Pakistán, no te queremos”, y como consecuencia de su muerte, el “Sind se vio barrido por la furia nacionalista”. Muchos en la provincia están “pidiendo una independencia total”, y el apoyo a la separación ha crecido entre las filas de los miembros del PPP. Se habla incluso de “insurgencia armada” porque la rabia se dirige contra la vecina Punjab, la provincia más grande y patria del ejército, del ISI y del gobierno.

The Journal cita a Qadir Magsi, jefe del movimiento nacionalista de Sind “Taraqi Passand” diciendo: “Bhutto era la última esperanza (de unidad). Ahora Pakistán debe disolverse”. El artículo continúa diciendo que lo que sucede en Sind está ya en marcha en la provincia de la frontera noroeste donde la autoridad del gobierno central se fue debilitando en años recientes. Además, el ejército pakistaní se ha visto implicado en la resistencia de Baluchistan durante los últimos años añadiendo más inestabilidad aún. El artículo del Journal incide en que los llamamientos a la unidad están cayendo en saco roto, y un veterano del PPP lo resume diciendo: “Lo que necesitamos es la separación”.

Todo esto le viene como anillo al dedo a los funcionarios de la administración Bush, que están probablemente echando más leña al fuego y hay una cosa que está clara: Las fuerzas estadounidenses están en la región para quedarse, y Washington, bajo cualquier administración (republicana o demócrata), trata de dominar esta parte vital del mundo con sus inmensas reservas energéticas. La estrategia parece ser similar a la de divide y vencerás de Yugoslavia. Allí funcionó, pero en Oriente Medio y Asia Central no es tan sencillo. Manténgase sintonizados porque es probable que los acontecimientos se aceleren, los medios los destaquen y verán cómo la intensificación del conflicto (y sus consecuencias) es parte del plan.

Stephen Lendman vive en Chicago y puede contactarse con él en: lendmanstephen@sbcglobal.net.

N. de la T.:

(*) Cui bono: expresión latina que viene a significar que la persona o grupo culpable de cometer un delito debe buscarse entre quienes tienen algo que ganar con el mismo, podría traducirse por ¿a quién beneficia?

Enlace con texto original: http://sjlendman.blogspot.com/




miércoles, 16 de enero de 2008

Transición... ¿hacia dónde?



Ensordecidos por el ruido de la Noche

Apenas estamos, o creemos estar, en el inicio de una transformación que, según la publicidad estentórea, nos conducirá al reino de la democracia. Inmersos en los procesos sociales como los peces en el mar, tales cambios, como muchos otros, nos resultan imperceptibles. Por todos los medios posibles, especialmente los electrónicos, se dice que la transición a la democracia avanza a paso veloz. Se nos ofrecen pruebas. Se nos dice que nunca antes el hermano de un expresidente habia sido enjuiciado y encarcelado en una prisión de alta seguridad, o bien, que nunca antes se habían realizado elecciones tan confiables como las realizadas en los últimos años, en las que los llamados partidos de oposición han obtenido gubernaturas, diputaciones, senadurías y presidencias municipales, a pesar de los esfuerzos del partido de Estado por mantener lo que antes se llamaba el "carro completo".

Estos signos visibles de apertura "democrática" aparentemente confirman la visión optimista de que "ahora sí" vamos por el rumbo correcto. Sin embargo, otras voces, la mía incluida, pensamos que no debemos festejar anticipadamente el tránsito a una democracia tan tímida, tan frágil, tan inconsistente. En efecto, ¿es posible hablar de democracia en una sociedad donde los niveles de extrema miseria, de desempleo, de analfabetismo real y funcional, resultan verdaderamente alarmantes? Tras la fachada de una nueva cultura política, según se nos anuncia, ¿no se esconde acaso una sociedad temerosa, manipulada y controlada por los mismos que, de presentarse primero como "tapados" o agresivos "precandidatos", llegan a ser después cómplices de una política económica impuesta por el Fondo Monetario Internacional o por el Banco Mundial; es decir, por el "poder del dinero", para enriquecer más todavía a quienes supuestamente administran el "dinero del Poder"?

Gracias al contubernio -mayor o menor- que se da entre los medios de información masiva y el PRI-gobierno, se nos ofrece la imagen de un proceso democratizador en el que verdaderamente hay avances sustanciales hacia un gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", en el cual, verdaderamente, radica la soberanía, según el artículo 39 de nuestra Constitutución.

Sin embargo, las voces que nos dejan escuchar, y los rostros que se ofrecen a nuestra mirada, por prensa, radio o televisión, ¿no son, acaso, en términos generales, las voces y los rostros de quienes habitan el penthouse del Poder? En esas alturas, ni se ve ni se oye a los millones de personas que, no sólo en este país, se debaten, luchan, se esfuerzan día tras día, por conseguir un empleo. No, ciertamente, un puesto ejecutivo, sino un trabajo modesto, para no tener que emigrar del campo a la ciudad: o bien, de la vorágine urbana a otro país que, con mayor y mayor frecuencia, levanta muros más infranqueables que los simbolizados en aquella vieja y oxidada "Cortina de hierro", cuya caída estrepitosa, en 1989, significó también el derrumbe de la esperanza en la alternativa "socialista".




A pesar de signos tan desesperanzadores, desde distintos puntos del globo, se recrudece la crítica a este sistema engañoso, mentiroso, llamado neoliberalismo. Una de esas voces críticas (a quienes José López Portillo llamó "profetas del desastre") es la de Viviane Forrester, ensayista francesa, la cual, en su libro L'horreur économique (El horror económico) ha expuesto las máscaras bajo las que se oculta el "poder del dinero", un poder cada vez más concentrado en unas cuantas manos y que siembra por doquier miseria, opresión, y una guerra despiadada por la conquista de los "mercados":

Vivimos -dice ella- en el seno de un engaño descomunal, al interior de un mundo ya inexistente que políticas artificiales pretenden perpetuar. Nuestros conceptos de trabajo y, por tanto, de desempleo, alrededor de los cuales gira (o pretende girar) la política carecen de substancia: millones de vida son arrasadas, millones de destinos son aniquilados por este anacronismo... (En tal situación) el conjunto de los seres humanos es cada vez menos necesario al pequeño grupo que dirige la economía y detenta el poder... (Forrester, 1996: 9-10).

A lo largo de sus páginas va mostrando los efectos de un sistema económico-político que nos va convirtiendo, a todos los seres humanos, en reservas inútiles que ya ni siquiera serviremos para ser explotadas como fuerza de trabajo, pues el desempleo es ahora el destino no para los ancianos jubilados, sino para millones de jóvenes egresados de las universidades más prestigiadas del mundo; pues lo que Forrester pone bajo la lupa de su análisis, es el autodenominado G-7 o "grupo de los siete". Los "siete" países más industrializados y poderosos de la Tierra. Y ahí, millones de personas -hombres y mujeres- tienen ahora como único trabajo el andar a caza de un empleo inexistente. Excluidos del mismo sistema que los ha engendrado, ya ni siquiera "merecen vivir" En la práctica han perdido el derecho a una vida digna. Es decir, a la vida... Con verdadera angustia, teme Forrester que así como el sistema de explotación (capitalista o socialista) dio lugar a otro de exlusión (neoliberal), éste, a su vez, en un futuro incierto, pase de la exclusión a la eliminación genocida.

Por más que los medios del poder (con todo el poder de los medios de desinformación masiva) aununcien o prometan una pronta recuperación económica (y por tanto, empleos justamente remunerados, entre otras cosas), Forrester muestra de modo fehaciente que en el "flexible mercado del trabajo" globalizado, mundializado, transnacionalizado, la oferta de un empleo digno está cada día más lejana. En esta situación, los cazadores de empleo se pelearán cualquier trabajo y aceptarán cualquier salario, no importa qué tan bajo sea (Ibid., 131-133).

A medida que se desarrolla el proceso globalizador, todo está en contra de quienes han perdido vivienda, empleo, seguridad, autorrespeto. ¿Puede afirmarse, desde esta perspectiva, que, efectivamente transitamos a una democracia? ¿O será a ésa que se ostenta como paradigma de todas las democracias, la del American way of life, la del "único país con estatura moral" -según Bush-, la de la "única nación indispensable" -según Clinton? Tal vez sí, gracias, sobre todo, a nuestra situación de país subordinado. Pero resulta que en este paraíso de la democracia bipartidista, "el trabajador que pierde su trabajo, imperiosamente debe recuperarlo lo más pronto posible. Los subsidios de desempleo sólo representan una parte mínima de su salario original. Y únicamente se otorgan durante seis meses, cuando mucho. No cubren ninguna ayuda social (para vivienda o educación). En pocas palabras, [el sin empleo] se encuentra desnudo y condenado a vivir con sus propios recursos". [Pero, ¿cuáles?]. "En consecuencia, debe encontrar y aceptar cualquier empleo, aunque no corresponda a lo que busca". Y lo más grave del asunto es que, "para los trabajadores no calificados, frecuentemente es muy difícil encontrar empleo, aunque sea mal pagado" (M. Phelps, cit. por Forrester, op. cit., 134).

Pesadilla neoliberal, sueño zapatista

Por tanto, de acuerdo con los análisis y los modelos macroeconómicos, realizados entre otras instituciones citadas por Forrester, por el Banco Mundial o la OCDE, lo que sobra en el planeta no son empleos, sino buscadores, cazadores de empleo. No democracia, pues, sino plutocracia. Nuestra propia experiencia mexicana nos muestra qué es lo que los sin-trabajo inventan para sobrevivir, en lo que llega "la democracia que viene", made in USA. Lo hemos visto y lo vemos todos los días, en nuestras calles, sobrepobladas de ancianos, mujeres y niños: limosneros, payasitos, saltimbanquis, vendedores de fruslerías que se pelean por una esquina, por un pedazo de banqueta... Aunque los más arriesgados se convierten en asaltantes de autobuses o de peatones, robacoches, o bien en vendedores de droga, "guardaespaldas" de ricos o de políticos, "guardias blancas", "paramilitares"... o "escuadrones de la muerte". Suman millones los subempleados sobre los que descansa y se apoya un sistema podrido que los excluye, incluyéndolos, sin embargo, en tareas sucias, abyectas o sin sentido -como la de Sísifo- y que, en un futuro tal vez no muy lejano, invente nuevos métodos de aniquilamiento masivo, más eficaces que los de Fujimori, aunque tal vez menos escandalosos, al estilo Hitler o Stalin. ¿Será ése el tipo de eliminación por el que se interroga con angustia Viviane Forrester?

Por si esto no bastara, en México también contamos con tres grandes aparatos que sirven de apoyo al sistema de partido de Estado (PRI): uno sirve para manipular y controlar al proletariado urbano, a los obreros, otro controla y manipula a indios y campesinos, y el tercero al resto de trabajadores urbanos. El primero se llama Congreso del Trabajo, y agrupa a miles de sindicatos "charros", el segundo recibe, entre otros nombres, el de Confederación Nacional Campesina, Central Campesina Independiente... y Congreso Nacional Indígena. Por último, el que se encarga de "acuerpar" a trabajadores de todo tipo -desde doctores en Economía o en Ciencias Físicas, hasta boleros o prostitutas y flamantes empresarios de organismos tales como COPARMEX, CANACINTRA o CONCANACO-, recibe el nombre de Confederación Nacional de Organizaciones Populares. Este sistema corporativo, fascista, es el que detenta el poder desde 1929, y fue el que sustituyó al porfiriato, la dictadura liberal de Porfirio Díaz, derrotada por quienes se levantaron en armas en 1910. Entre otros, Madero, Carranza, Obregón, Zapata y Villa... Una vez eliminados Zapata y Villa, entre otros, Plutarco Elías Calles aglutina en un partido único a quienes, desde hace tiempo, se conocen como fundadores del actual "priato".

Por esta razón, para que se diera una verdadera transición a la democracia sería necesario desmontar, pieza por pieza, esa enorme maquinaria de represión, de manipulación y de control (llamada también PRI-gobierno), con objeto de implantar un auténtico Estado de derecho, en el que los gobernantes, como dicen los zapatistas de Chiapas, "manden obedeciendo", en estricto apego al artículo 39 constitucional, que a la letra dice:

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Precisamente con base en esta norma constitucional, el 1o. de enero de 1994, los indios tzotziles, tzeltales, choles y tojolabales de los Altos y de la Selva chiapaneca decidieron levantarse en armas, para "restaurar la legalidad y la estabilidad de la Nación deponiendo al Dictador" (EZLN, Documentos y comunicados (1), 1994: 35).

Ante la gravedad de la situación global, denunciada, desmenuzada, rigurosamente documentada, expuesta por Viviane Forrester, y para la cual ella no encuentra solución, mientras no se modifique el Sistema político-económico, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional -cuyos integrantes sufrieron en carne propia el hambre y la extrema miseria impuesta por sucesivos gobiernos explotadores y corruptos-, desde el corazón de la Selva Lacandona lanzó un YA BASTA cuyos ecos se han ido expandiendo por el mundo, a medida que crece la conciencia de la humanidad, a medida que se va descubriendo el proyecto global surgido desde las entrañas del neoliberalismo, en el cual no sólo no tienen solución los problemas de la extrema miseria, sino que, todavía peor, la solución final pareciera ser la misma que descubrieran Hitler y Stalin, entre otros, para deshacerse de millones de seres humanos "indeseables": unos seis millones en los tristemente famosos campos de exterminio nazis y más de 70 millones en los gulags soviéticos.

Mientras se llega a esta 'solución final', en México se nos ha venido prometiendo que -ahora sí- transitaremos a la democracia. Sin embargo, debemos recordar cómo nuestros gobiernos están acostumbrados a quebrantar sus promesas y deshonrar su palabra. Así, a todos los mexicanos se nos ofreció que habría ya (en 1996) una profunda reforma de Estado, negociada entre todos los partidos políticos. Después de casi dos años de negociaciones cuasi secretas, mientras se entorpecía el diálogo entre el EZLN y el gobierno federal, en San Andrés, los negociadores de Bucareli dieron a luz sólo una tibia reforma electoral que, en el momento de ser sometida a votación en la Cámara de Diputados, únicamente fue aprobada por la mayoría priísta. Asimismo, desde enero de 1994, a los sublevados zapatistas se les ha prometido, una y otra vez, que se atenderían sus demandas mediante el diálogo. Hasta llegó a firmarse un primer convenio el 16 de febrero de 1996 -los llamados Acuerdos de San Andrés-, sobre Derechos y Cultura indígenas, cuyo contenido desconoció posteriormente el gobierno, a la hora de que tales acuerdos adquirirían fuerza de ley. Ante la falta de seriedad gubernamental, que puede considerarse como una auténtica traición, los zapatistas se retiraron de la Mesa del Diálogo, desde junio de ese mismo año.

Aparentemente, pues, desde 1994 hasta la fecha (octubre 1999), la táctica gubernamental es la misma que utilizó Fujimori en Perú: fingir un diálogo, mientras se prepara el ataque aleve, traidor, que dará muerte a los interlocutores. Tal es la sospecha que ha cundido también en la sociedad civil y en las filas del EZLN, sobre todo en fechas recientes cuando el Ejército federal se ha dedicado a hostigar inmisericordemente a decenas de comunidades indígenas, sobre todo en las Cañadas de Chiapas. Mientras el gobierno mexicano, desde la Secretaría de Gobernación, invita al diálogo, sólo verbalmente, en los hechos cotidianos va tejiendo una red en la cual atrapar a quienes ha llamado, desde 1994, "profesionales de la violencia".

Al respecto, y a propósito de la traición de Fujimori, conviene recordar lo que el subcomandante Marcos comentó en uno más de sus numerosos comunicados, fechado el 25 de abril de 1997, pues en gran parte es similar al plan estratégico que se está llevando a cabo, más lentamente, eso sí, en las montañas del sureste mexicano, desde donde Marcos escribe:

El gran Poder internacional decidió un nuevo crimen en tierras latinoamericanas... Ustedes recuerdan que se buscaba resolver el problema sin violencia. Pero a tiros entraron los militares. "Operación limpia", dicen los noticieros. Y describen un Fujimori sonriente y feliz. Y, muy por encima de él, sonríen también los poderes supranacionales que dieron la orden de aniquilamiento...

Se apresuran en sonreír Fujimori y sus patrones. Apresurado fue también el beneplácito de Zedillo. Todavía falta mucha historia por escribir...

¡Y pensar que hay quien dice que debemos esperar no un ataque, sino el cumplimiento a los acuerdos que firmó el gobierno! (La Jornada, abril 30, 1997).

No son necesarias grandes dotes interpretativas para "leer" el mensaje implícito en el llamado fujimorazo. Pero no sólo desde las tierras peruanas nos llegan signos ominosos que van en contra de la "transición a la democracia". En nuestra propia Patria se está llevando a cabo una guerra de baja intensidad (GBI), una verdadera guerra sucia, no sólo en contra del pueblo chiapaneco, sino de todo el pueblo mexicano.

De acuerdo con el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, (CDHFBC) en una denuncia precisa y documentada que lleva como título Ni paz ni justicia (1996), lo que ocurre en el norte de Chiapas (por lo menos a raíz del levantamiento armado) puede interpretarse claramente a la luz del Manual de Guerra Irregular utilizado por el ejército mexicano, para combatir lo que actualmente se considera "movimientos subversivos". Aunque el Informe antes mencionado sólo se refiere a la zona norte de Chiapas, sin embargo puede aplicarse a amplias regiones del país y aun al país entero. Para mostrar cómo se realiza la GBI en México, es indispensable describir someramente los tres frentes en los que opera:

1. Frente militar. Tiene como objetivo "adecuar las actividades estrictamente militares a las necesidades de una guerra en la que las fuerzas armadas no deben causar excesivo dolor a la población civil. O, si lo causan, deben procurar que no haya reacciones populares adversas" (Enfasis, GM).

2. Frente de los auxiliares civiles. Su objetivo consiste en "reclutar todos los apoyos civiles que la estrategia contrainsurgente requiere. Como se trata de quitar apoyo popular a los rebeldes, la contrainsurgencia debe ganar la mente de la población civil" (Enfasis GM).

3. Frente de la opinión pública. Para nuestro propósito es lo más importante, pues en este frente "las fuerzas armadas involucradas en labores de guerra irregular deben: a) cuidar su imagen pública, b) denigrar al enemigo y c) cercar y destruir a todo potencial aliado del mismo" ((CDHFBC, 1996: 158-96. Enfasis GM).

En particular este "tercer frente" se encarga de que toda la información que llega (o se oculta) a la masa de la población, sea la que desde esas alturas del Poder (económico-político-militar) se considera la adecuada. No la que es veraz, suficiente y oportuna según lo establece el "derecho a la información". Sin embargo, lo más grave de todo en esta guerra que vivimos es que "los frentes descritos forman un todo: el primero asegura que las tropas y mandos involucrados [fuerzas especiales] no cometan errores que puedan destruir la imagen pública del ejército contrainsurgente; [además] las operaciones quirúrgicas, siendo menos escandalosas, hacen más fácil la lealtad de las fuerzas civiles... Finalmente, la participación de civiles es 'buena prensa'. Y el manejo de la opinión pública asegura la legitimidad de todo el proceso" (CDHFBC, 1996: 158-9).

Por si esta situación fuera insuficiente, en el caso específico de Chiapas, sobre todo en la zona zapatista, ejércitos y diferentes policías, han establecido un triple cerco: el propiamente militar, mediante cuarteles, retenes, campamentos y centros de instrucción. Asimismo, el cerco económico, mediante el cual se impide la entrada y salida de productos agrícolas: sean los que se producen en la zona, o bien los que requieren para su subsistencia. Finalmente, el cerco informativo, al cual alude el "frente de la opinión pública", ya que mediante el control de las noticias, se distorsionan, silencian, minimizan o desdibujan los hechos que podrían afectar la buena imagen del ejército, de las policías o del gobierno (federal, estatal o municipal). Asimismo, ciertos hechos de violencia, por ejemplo, se atribuyen a "problemas entre diferentes grupos religiosos" o a "rencillas familiares", o bien, a "pleitos comunes por tierras". En otras palabras, mediante argucias se pretende ocultar la verdadera naturaleza de los conflictos que a diario ocurren en el país; pero especialmente en las regiones donde se ha acentuado la militarización y la intervención de las llamadas "fuerzas de seguridad nacional", como Guerrero, Chiapas, las Huastecas, y Oaxaca.

Desgraciadamente, la "militarización" y sus excesos des-informativos no son algo exclusivo de México. En realidad, abarcan al mundo entero, ahora dominado –en este mundo "unipolar"- por las fuerzas hegemónicas del Imperio, cuyas bases militares se encuentran diseminadas por todo el planeta. En cuanto a la campaña desinformativa baste recordar la forma en que nos llegaron las noticias sobre tres hechos donde intervino el ejército norteamericano: Panamá (1989), Irak (1991 y 1999), Yugoslavia (1999). En estos tres casos, la combinación de silencio, deformación noticiosa y manipulación descarada, ha hecho evidente que la "democracia", tal como se practica –no como se teoriza- es una máscara que oculta el despojo, la represión, el engaño y la concentración del poder y la riqueza en unas cuantas manos. Sin embargo, para muy pocos es evidente que la guerra que vivimos es, precisamente, la Cuarta Guerra Mundial, en la cual la tendencia dominante no apunta hacia la democracia, sino hacia la dictadura mundial del capital financiero.

La IV Guerra Mundial

Efectivamente, el proceso de "mundialización" a que nos ha conducido la expansión del "gran capital", que se mueve "en las heladas aguas del cálculo egoísta" –ya desde el siglo pasado, según constataba Karl Marx- puede considerarse como una guerra por la conquista de nuevos mercados, basada en el convencimiento propagandístico de millones de consumidores: "El hecho es que una guerra real, una guerra económica global continúa, y nuestra seguridad nacional sigue en riesgo...", afirma sin rubor Albert Narath, presidente de los Sandia National Laboratories. Sometidos a las inmisericordes leyes del mercado, que los obligan a vivir temerosos por la posibilidad de hundirse en esas "heladas aguas" de que habla Marx, los estrategas transnacionales del mercado "libre", se ven obligados a ejecutar verdaderos planes bélicos, para no ser derrotados en las batallas campales que los llevarán a conquistar (o a perder) nuevos territorios.

Esto es lo que el subcomandante Marcos llama la "IV Guerra Mundial":

No se trata sólo de una destrucción material de las bases materiales de los Estados nacionales. También (y de manera tan importante como poco estudiada) se trata de una destrucción histórica y cultural. El digno pasado indígena de los países del continente americano, la brillante civilización europea, la sabia historia de las naciones asiáticas, y la poderosa y rica antigüedad del Africa y Oceanía, todas las culturas y las historias que forjaron naciones son atacadas por el modo de vida norteamericano. El neoliberalismo impone así una guerra total: la destrucción de naciones y grupos de naciones para homologarlas con el modelo capitalista norteamericano.

Una guerra, pues. Una guerra mundial, la IV. La peor y más cruel. La que el neoliberalismo libra en todas partes y por todos los medios en contra de la humanidad.

Todos esos "medios" a que alude Marcos, entre otros, son los llamados "medios de información colectiva, los cuales, según hemos apuntado antes, sirven como "aparatos ideológicos" para difundir el American.


Guillermo Michel



España como superestructura



Por Miguel Ángel Quintanilla Navarro
http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/463
¿Qué es el superestructuralismo?

Desde 1996 se ha desarrollado intensamente una forma de entender la vida política española que ya existía en estado de latencia desde algunos años antes pero no había alcanzado la difusión y la virulencia que ha adquirido últimamente. Esta manera de comprender la política española, a la que denomino superestructuralismo, se caracteriza por afirmar las siguientes proposiciones:

a.) España no es una nación sino un Estado cuyo origen es la Constitución de 1978.

b.) El proceso de transición a la democracia en España que tuvo lugar durante los años setenta fue una farsa. En realidad, lo que llamamos transición no fue más que una parodia que permitió a los detentadores del poder durante el franquismo (es decir, a quienes lo ostentaban ilegítimamente) convertirse en detentadores del poder después del franquismo mediante un proceso de camuflaje en el que las papeletas de votación hicieron de hojarasca. Los franquistas eludieron la ruptura de su régimen, se mimetizaron con los demócratas y consiguieron mantener su dominio mediante el uso fraudulento de las instituciones democráticas. El proceso constituyente no fue tal, sino que durante el mismo la derecha, protegida por el ejército y por otros poderes, impuso sus criterios y sus valores al resto de participantes, que tuvieron que aceptar lo que se les ofreció. La Constitución —o más exactamente, lo que los constitucionalistas suelen llamar bloque de constitucionalidad (Constitución más estatutos de autonomía más jurisprudencia del Tribunal Constitucional)— no es el resultado de un pacto libre, sino de una imposición de la derecha sobre el resto. Este tipo de razonamiento puede adoptar formas más o menos académicas según el momento.

c.) Por detrás de la vida política aparente discurre una vida política real que es contradictoria de aquélla y esencialmente corrupta y antidemocrática. La forma del poder no muestra el poder sino que lo oculta. Parlamentos, elecciones, magistraturas, y cualesquiera otras instituciones que forman parte del sistema político español son sólo trampantojos que engañan a los incautos que creen que en España las cosas cambiaron con la muerte de Franco. Lo que cambió fue sólo lo necesario para que todo siguiera igual.

d.) Puesto que nada ha cambiado pero parece que sí, la política no debe consistir en actuar de buena fe en las instituciones, sino en desenmascarar lo que está pasando, en desvelar el engaño. De hecho, una de las ocupaciones más queridas por los superestructuralistas es la detección de “tics” autoritarios, pequeños gestos inconscientes que delatan lo que verdaderamente nos pasa o lo que verdaderamente somos. Alguien que parece demócrata se revela como antidemócrata a través de un tic que el político superestructuralista detecta y expone al público como una prueba más de que las cosas y las personas no son lo que parecen. El político superestructuralista ocupa las instituciones transitoriamente y mientras llega el verdadero cambio que está pendiente; estar en un parlamento puede ser útil para difundir más eficazmente la única verdad que importa —que todo es un engaño— pero no puede constituir un acto que legitime las instituciones que son ocupadas. La política no debe ser pacto ni transacción sino denuncia y desestabilización, difusión de una sospecha general e inconcreta acerca de las instituciones y de quienes las dirigen, o, en su vertiente intelectual más suave, revisionismo, impugnación del pacto constitucional.

e.) La violencia política ha de entenderse como el resultado de la gran farsa constituyente. Quienes han hurtado el poder mediante procedimientos arteros y han diseñado luego unas instituciones represivas, no representativas, no pueden sorprenderse de que haya quien se decida a procurar cambiar las cosas por el único camino que le queda: mediante la violencia. La violencia política es responsabilidad de quienes mandan y no deberían mandar, que empujan a los violentos a una situación desesperada. La queja de quienes ejercen la violencia hacia quienes mandan no es sólo por hacerles padecer un régimen opresor, sino por obligarlos a ser terroristas. Los superestructuralistas no violentos (que son la mayoría) reclaman que se aprecie el esfuerzo que hacen para no darse a la lucha violenta e incluso pedir a quienes la ejercen que dejen de hacerlo, aunque suelen advertir de que, de seguir las cosas así y no producirse un cambio significativo, les será difícil mantener y recomendar una actitud tan templada. Su excelencia moral —dicen— tiene un límite.

f.) España es hoy una ficción que es sostenida mediante la amenaza, la violencia y la represión. Cualquier símbolo nacional español lo es de esa ficción y de esa violencia, y cualquiera que haga uso de los símbolos de España debe ser considerado promotor de esa agresión. Quienes afirman que existe un modo limpio y valioso de entender a España como nación lo único que hacen es prolongar y sofisticar un poco más el gran engaño de 1978. Ser español es un estigma, no un orgullo ni una afortunada casualidad, ni nada que pueda expresar sentimientos o ideas apreciables.

g.) La pérdida del Gobierno de la Nación por el Partido Socialista en 1996 confirma las sospechas del superestructuralismo y le proporciona una evidencia incontestable. Los resultados electorales de 1996 y de 2000 no fueron el fruto de unas elecciones limpias en las que los votantes mostraron libremente sus preferencias políticas, sino el final de la gran farsa: la vuelta de la derecha al poder, o más bien el reconocimiento descarado de que nunca se había ido. No hay solución de continuidad entre la derecha de los años noventa y el franquismo de los setenta, ni entre éste y el de 1936.

El superestructuralismo español —definido por las afirmaciones anteriores— adopta tres formas, una de izquierda, otra nacionalista y otra de izquierda y nacionalista. En el superestructuralismo de izquierda hay al menos dos referencias teóricas claras, aunque su uso sea confuso y muchas veces inconsciente, y haya experimentado numerosas actualizaciones. Estas referencias pueden ser sintetizadas mediante los siguientes textos:

1.)“El rico, acuciado por la necesidad, concibió finalmente el proyecto más meditado que jamás haya entrado en mente humana: fue emplear en su favor las fuerzas mismas de quienes lo atacaban, hacer defensores suyos de sus adversarios, inspirarles otras máximas y darles otras instituciones que le fuesen tan favorables como contrario le era el derecho natural [...]: “Unámonos, les dijo, para proteger de la opresión a los débiles, contener a los ambiciosos y asegurar a cada uno la posesión de lo que le pertenece [...]”.Tal fue, o debió ser, el origen de la sociedad y de las leyes, que dieron nuevos obstáculos al débil y nuevas fuerzas al rico, destruyeron sin remisión la libertad natural, fijaron para siempre la ley de la propiedad y de la desigualdad, hicieron de una hábil usurpación un derecho irrevocable y sometieron desde entonces, para provecho de algunos ambiciosos, a todo el género humano al trabajo, a la servidumbre y a la miseria.”
(Rousseau, El Contrato Social)
2.) “Mis estudios me llevaron a la conclusión de que las relaciones legales y las formas de estado no podían ser entendidas por sí mismas, ni explicadas por el llamado progreso general del espíritu humano, sino que están arraigadas en las condiciones materiales de vida, resumidas por Hegel [...]con el nombre de “sociedad civil”; la anatomía de esa sociedad civil debe ser analizada por la economía política”.
(Marx, Crítica de la Economía Política)

Los conceptos que expresan estos dos textos son, a juicio de los superestructuralistas de izquierda, directamente aplicables a la España contemporánea. El pacto de 1978 fue una aplicación del primer contractualismo rousseauniano (el contrato que no es social sino lo contrario) y su resultado es una construcción legal, institucional y moral hecha a la medida de intereses privados que se hacen pasar por interés general o nacional: España es una superestructura. En el superestructuralismo nacionalista la teoría importa menos que poder contar una historia que explica el sojuzgamiento de la nación propia a manos del secular expansionismo español, del cual el franquismo ( y en consecuencia el actual sistema político español, puesto que —se dice— éste es lo mismo que aquél) es la expresión más reciente. No obstante, en ocasiones el caso español puede ser expuesto junto a otros, como el francés. Por último, el superestructuralismo nacionalista y de izquierda mezcla los conceptos de los dos anteriores, o “localiza” los conceptos del superestructuralismo de izquierda.


¿Qué hace el superestructuralismo?


La presencia y el arraigo crecientes entre nosotros de este tipo de pensamiento pueden ser considerados como uno de los fenómenos más notables de la política española contemporánea y como uno de los más perniciosos, porque quien adopta este punto de vista se sitúa al margen de la disputa política leal y abierta, al imputar al oponente político un vicio personal irremediable que no se prueba ni se matiza y que permite despreciar cualquier argumento u opinión que provenga de quien así es etiquetado. Si, como es el caso, esa imputación se dirige contra partidos políticos u organizaciones sociales completas, renunciando deliberadamente a cualquier ejercicio intelectual sobre lo que se escucha, entonces el sistema padece un empobrecimiento gravísimo que puede debilitarlo dramáticamente. El superestructuralismo no es un programa político ni una ideología —aunque sirve a diversas ideologías que necesitan de la desaparición de la democracia española para poder prosperar y que encuentran en ella un obstáculo insuperable— sino un vicio moral que irresponsablemente inunda la vida pública de sospechas para conseguir un objetivo ajeno a los que el sistema legitima y que nada tiene que ver con la confrontación entre ideas y programas; no es una propuesta sobre la organización política deseable para la comunidad, sino una patología que impide ver en el rival político otra cosa distinta de un conspirador. El superestructuralista padece el error de creer que a los demás les va siempre mucho mejor que a uno mismo, puesto que uno mismo es la víctima de la conspiración que se denuncia. Esta creencia anima un victimismo sin límite inasequible a cualquier evidencia que se le pueda oponer, puede llegar a ser la justificación de comportamientos personales corruptos (¿por qué respetar una legalidad ilegítima y que está hecha para fastidiarme?) y es el germen de un resentimiento absurdo por lo que no ha tenido lugar. Finalmente, el superestructuralismo pide el cese de lo que no ocurre y es, por tanto, una actitud condenada a ser insatisfecha en lo que tiene de anhelo y a persistir indefinidamente.

En las sociedades abiertas la disputa política no consiste tanto en discutir acerca de lo que se debe hacer para solucionar un problema que afecta a la vida pública cuanto en discutir acerca de cuál es el problema que se ha de solucionar. Los partidos políticos y las organizaciones sociales tratan de “crear problemas” y ponerlos en circulación partiendo de acontecimientos que pueden ser contemplados desde innumerables puntos de vista. Lo característico del superestructuralismo es que aborda cualquier suceso público relevante mediante la invención de un problema cuya solución pasa ineludiblemente por el desleimiento de la organización política de España y por la negación de su sustancia nacional. El superestructuralismo procura que el debate político español se convierta en una disputa sobre España con motivo de cualquier cosa, de forma que las instituciones representativas no sirvan para discutir acerca de cómo debemos abordar los problemas políticos sino para abordar el problema que constituye la existencia de España; tiene, por tanto, un carácter metapolítico que lo coloca en un plano epistemológico diferente del que ocupan los políticos que no son superestructuralistas. El superestructuralista no dice algo de lo que él es, no se define a sí mismo, sino que dice lo que son los demás sin atender a lo que éstos dicen que son y al margen de cualquier evidencia. A diferencia del superestructuralismo, la nación española, al expresarse en la Constitución, dijo algo de sí misma, no de quienes están o se sienten fuera de ella, a quienes respeta y protege. En tales circunstancias el diálogo es imposible, porque uno de los interlocutores considera que el otro es el núcleo del problema y le exige que reconozca su culpa y que desaparezca.

Seguramente, el superestructuralismo español es una variante nacional y particularmente dura de una actitud política que está presente, con una coloración diferente según el caso, en todas las democracias liberales; y también fuera de nuestra civilización política: existen algunas coincidencias claras entre algunos argumentos superestructuralistas y algunos argumentos islamistas, por ejemplo, y es tentador adentrarse en ese camino.

¿Cómo oponerse al superestructuralismo?
Lo que se ha producido recientemente ha sido un aumento de la intensidad y de la virulencia (o violencia) de la presencia social del superestructuralismo español; su exacerbamiento, pero no su aparición. La persistencia del superestructuralismo ha sido favorecida por una actitud errónea exhibida con frecuencia por los políticos no superestructuralistas, que se han servido de dos instrumentos poco eficaces cuando han querido hacerle frente —aunque, afortunadamente, se trata de una actitud cada vez menos frecuente—.

En primer lugar, han tendido a desarrollar una oposición estrictamente verbal en lugar de política (es decir, en lugar de emplear el poder del cual legítimamente disponen y del que sólo ellos deberían disponer) lo que hace que los derechos que deben ser tutelados por los poderes públicos queden expuestos a cualquier violación. Es casi milagroso que en el País Vasco, por ejemplo, los ciudadanos demócratas no se hayan decidido a organizar algún tipo de autotutela de sus derechos fundamentales, que son sistemáticamente vulnerados ante la pasividad de la autoridad policial. En esta Comunidad Autónoma el poder público ha amparado la creación de un oligopolio del uso de la violencia del cual forman parte sólo quienes son secesionistas, una privatización de la violencia a favor de los socios políticos y contra los rivales. En segundo lugar, la argumentación contra el superestructuralismo no ha sido de carácter nacional sino estatal: ha tendido a disputar sobre la Constitución de 1978 y su validez en cuanto a sus resultados prácticos (desmentidos en parte por la propia oposición que los superestructuralistas le hacen) y no en cuanto a su mejor valor: que expresa legítimamente la voluntad de la nación española y que esa voluntad manifiesta una exigencia ética admirable; es, por tanto, un valor esencialmente moral, no sólo utilitario. El respeto a la ley (y, desde luego, a la “ley de leyes”) en virtud de su origen y no de su acierto (siempre en disputa) es el núcleo del concepto mismo de “Estado de derecho”. Lo que éste asegura no es el acierto de las leyes, sino su condición nacional, su carácter representativo de la voluntad general. Que, además, creamos que la ley democrática acierta más que la que no lo es, es un asunto distinto, aunque, sin duda, importante.

La condición verbal y estatal de la oposición al superestructuralismo en detrimento de la oposición política y nacional explica el crecimiento de esta patología.

Supongamos, por ejemplo, que el Gobierno Vasco patrocina un libro de texto de uso obligatorio en los cursos de educación secundaria en el que se afirma la existencia durante el siglo XIX de un monte en lo que hoy es la playa de La Concha de San Sebastián. Supongamos, además, que el libro afirma la existencia en dicho monte de un río cuyo caudal circulaba en sentido ascendente. La actitud que el político español ha adoptado frecuentemente a lo largo de los últimos 25 años frente a ese tipo de sucesos ha sido —siguiendo el consejo popular que afirma que no hay que mirar el dedo sino lo que el dedo señala— tratar de refutar la existencia del mencionado monte y negar la posibilidad física de que los ríos fluyan en sentido ascendente. Los testimonios históricos contra la existencia del monte y los científicos contra la existencia del río son tan claros y numerosos que sobre este punto el libro patrocinado por el Gobierno Vasco podría ser justamente calificado como un conjunto de afirmaciones absurdas. Pero si es cierto que la afirmación del libro no hace que el monte exista, también lo es que la inexistencia del monte no hace desaparecer el libro. Y es precisamente el libro y no el monte, lo que el Gobierno Vasco ha puesto en el mundo, su producto político, el ente generado por él capaz de afectar la visión social de la política: es política educativa, no política forestal o fluvial. Quizás, lo correcto sea contravenir la sabiduría popular y aceptar que lo que el político debe hacer es preocuparse más por el dedo que por lo que el dedo señala; hacer contrapolítica educativa, no contraargumentar con planos y geógrafos. El superestructuralismo no se limitará a afirmar la existencia del monte en el siglo XIX sino su inexistencia actual como efecto de una acción culpable que hizo desaparecer lo que antes existía. Cuando un chaval de 16 o 17 años visite la playa de La Concha y constate la ausencia del monte y del río ascendente, probablemente no verá en ello la refutación de lo que su libro cuenta, sino su confirmación: “efectivamente, alguien ha hecho desaparecer nuestro monte maravilloso”. Obviamente, quien ha hecho desaparecer el monte es España. El libro puede generar efectos políticos, independientemente de que lo que cuenta sea o no verdadero, o simplemente verosímil. Lo ausente es infinito; y ante los ojos del nacionalista, lo existente es potencialmente culpable de cada inexistencia, infinitamente culpable.

La vigencia de esta actitud —la adopción de una estrategia verbal de enfrentamiento contra el superestructuralismo y la elusión del enfrentamiento político, la renuncia por parte de los poderes públicos españoles al ejercicio de una compulsión legítima sobre la vida pública— sigue siendo muy frecuente, aunque ha ido decreciendo a lo largo de los últimos años; de hecho, se puede decir que la decisión de enfrentar políticamente al superestructuralismo allí donde adopta políticas y no sólo opiniones, es una de las razones de su exacerbamiento reciente, porque ha comenzado a encontrarse con resistencias fácticas que impiden la continuidad del plácido progreso que ha experimentado desde hace décadas. Esta oposición política que ahora comienzan a experimentar es considerada por los superestructuralistas como el fruto de un “ánimo crispador” inaceptable, pero realmente la política contra el superestructuralismo es una reacción a la existencia previa de una política antiespañola, no viceversa. El exacerbamiento (que presupone la existencia de lo que se exacerba) es, a su vez, una reacción lógica; igual que la proximidad del policía exacerba la furia del delincuente.

Los desafíos del superestructuralismo son cada vez más difíciles de resistir y exigen un decidido empeño político, un uso del poder legítimo en defensa de la palabra de la nación española expresada en la Constitución de 1978. Esa palabra es valiosa por lo que expresa, pero, sobre todo, por ser expresión de la voluntad nacional. La mera presencia pública de la nación bastará para negar y vencer al superestructuralismo; pero no bastará la rememoración de lo que la nación supo hacer en 1978. El superestructuralismo no se dirige contra el Estado (que es lo que la Constitución define) sino contra la nación (que es origen de la Constitución y del Estado) -carece de sentido hablar de patriotismo constitucional sin aludir a la necesaria existencia de un patriotismo constituyente y, por tanto, preconstitucional que lo ha hecho posible, salvo que interesadamente se eluda la rememoración de ese tiempo histórico y se sugiera una suerte de “hilozoísmo constituyente”: la constitución se hizo a sí misma-. Si el superestructuralismo lo ha tenido tan fácil hasta ahora ha sido en parte porque nos hemos comportado como si realmente sólo fuéramos un Estado y no una nación. Asumir que España empieza en 1978 es casi afirmar que en 1978 habría sido posible que empezara cualquier cosa —cualquier forma política de cualquier amplitud geográfica— si se hubiera deseado, y facilitar la visión superestructuralista de España. Sin duda, debemos apreciar y respetar nuestra Constitución, pero debemos comenzar a exponer sin miedo una realidad histórica más profunda y más antigua que es origen de nuestra condición de Españoles y que hace que tenga sentido la existencia de la Constitución de 1978.

La conmemoración de la Constitución debe presentarse como la recuperación de una antigua tradición de libertad y de mérito cultural y nacional que fue interrumpida por la guerra y por sus antecedentes y consecuencias, y cuyas raíces se pierden en el tiempo, sin que esto suponga acometer interesadamente una exégesis edulcorada de nuestra Historia; es decir, debe presentarse como lo que verdaderamente es: la forma en que la nación española ha ordenado el poder cuando libremente ha podido hacerlo. Una ordenación laboriosa, compleja, esencialmente acertada y realizada en un momento difícil, razones que pueden originar un moderado orgullo colectivo en quienes la protagonizaron y un hondo sentimiento admirativo y de gratitud en quienes hemos podido ordenar nuestra vida bajo el amparo de la obra que otros ejecutaron generosamente.

La nacionalidad española no es —afortunadamente— algo estático sino algo evolutivo, creativo, comunicativo, vivo; pero, en todo caso, algo real. Obrar teniendo en cuenta su existencia no es sólo una posibilidad sino una necesidad. Si elucidar la realidad histórica de España es útil y no sólo un ejercicio de erudición, es porque al afirmar su existencia se afirma la realidad de un tejido espiritual cuya ignorancia puede originar catástrofes tan ciertas como las que origina la ignorancia de cualquier obstáculo físico. Además de real, la nacionalidad española es hoy algo infinitamente superior al superestructuralismo desde cualquier perspectiva moral. La defensa de los derechos humanos y de las minorías, la consideración personal de la vida humana, la adopción del supranacionalismo (la permeabilidad de la nación, y aun el dejarse gobernar por otros), la limitación y la vigilancia del poder político y los procedimientos democráticos de obtención del mismo, o el respeto por el Estado de derecho distinguen nítidamente lo que la nación española ha puesto en el mundo de lo que cada día ponen en él los superestructuralistas de todo tipo. De esa superioridad deben empezar a ser conscientes los españoles, y en ella deben encontrar ánimo para contradecir y contravenir al dogma superestructuralista.

Un sindicato de Costa Rica pide a su gobierno que no deje entrar en el país a Felipe González


El sindicato del Instituto de Electricidad (ICE) expresó su disconformidad con la visita del ex presidente socialista español Felipe González a Costa Rica, porque aseguró que tiene vínculos con el empresario mexicano Carlos Slim que quiere invertir (privatizar) en telecomunicaciones en el país.
Kaosenlared (InSurgente) [25.01.2006 10:22]
inSurGente.- El sindicato de Costa Rica ICE, expresó su deseo de impedir que el ex presidente de gobierno Felipe González, entre en el país. Las amistades peligrosas del que fuera máximo dirigente del PSOE, son el principal argumento del sindicato. No estaría mal que, aprovechando la idea, los propios sindicatos españoles hicieran lo mismo.

Agencias/ inSurGente- El sindicato del Instituto de Electricidad (ICE) expresó su disconformidad con la visita del ex presidente socialista español Felipe González a Costa Rica, porque aseguró que tiene vínculos con el empresario mexicano Carlos Slim que quiere invertir en telecomunicaciones en el país.

"Felipe González es asesor directo de Slim, propietario del Grupo Carso-América Móvil, que ya tiene inscritas sus marcas en Costa Rica. Slim está esperando el tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA-RD) para tragarse al ICE", dijo el martes el presidente del Frente Interno de Trabajadores del ICE, Ricardo Segura, en rueda de prensa.
Señaló que González aparece vinculado con la empresa Sercotel, integrada en el grupo Telmex que dirige el magnate mexicano.

El ex gobernante de España entre 1982 y 1996, participará el miércoles en el cierre de un curso de formación política sobre socialdemocracia y se reunirá con el ex presidente (1986-1990) y candidato del partido Liberación Nacional Oscar Arias en un almuerzo privado.

"González en vista de la ilusión de Arias de que el acuerdo comercial se apruebe viene a despejar el camino de la privatización de las telecomunicaciones en Costa Rica y de paso favorecer a su patrón y socio Carlos Slim", afirmó Segura.

Los gremios del ICE son los que más se oponen al CAFTA-RD, pues el acuerdo contempla la apertura de ese monopolio estatal que controla los servicios de telecomunicaciones e internet.

El hijo del magnate mexicano, Marco Antonio Slim, confirmó a la prensa local días atrás "el interés de América Móvil de invertir en Costa Rica en telecomunicaciones... pues junto con Panamá son los únicos dos países de Centroamérica donde la firma no tiene presencia en el mercado".

La transnacional mexicana ya adquirió parte de Antel en El Salvador, Telgua en Guatemala y Enitel en Nicaragua, mientras que en Honduras tiene presencia con la compañía Aló Fácil y Rápido.


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Pensamiento de A. Rogers (1931)

Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo. El gobierno no puede entregar nada a alguien, si antes no se lo ha quitado a alguna otra persona. Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, eso... mi querido amigo...

...es el fin de cualquier Nación. “No se puede multiplicar la riqueza dividiéndola”. Dr. Adrian Rogers, 1931

La farsa del 11-M

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El tema de la crisis económica y sus repercusiones, por Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y miembro del Consejo Científico de ATTAC. Una de las mentes más lucidas en temas económicos! .
Se viene el Gobierno Mundial... ¡¡y se viene rápido!! Si logran instaurarlo o no, depende de nosotros. No de una MAYORIA (al menos, no al principio), sino que depende de si un grupo mucho más pequeño, que denominamos LA RESISTENCIA, logra despertar a los Pueblos del mundo en contra de los dueños del Nuevo Orden Mundial..


"Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, Estos privaran a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron."

THOMAS JEFFERSON, 1802

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